sábado, 18 de abril de 2026

2) Planicies hasta el alto de Montverdun


Después de los tres días empleados en circunvalar la ciudad de Roanne seguimos caminando por un paisaje similar pero más plano. Así fueron los siguientes dos días, que concluyeron en el picoroto de Montverdun, donde se sitúa un priorato que data nada menos que del siglo VIII. Desde allí arriba se disfruta una vista de 360 grados sobre los montes del Forez y Lyoneses. 

Fueron dos días tranquilos y agradables, en los que pernoctamos y cenamos en el Auberge des Voyageurs, en la cercana población de Saint Germain Laval. Tras estas dos etapas nos tomamos un día de descanso en Clermont Ferrand para conocer esta histórica ciudad. Después vendrían las seis caminatas finales para recalar al cabo de cuatro años en Le Puy en Velay. De allí habíamos salido en 2012 en dirección a Saint Jean de Pie de Port y hacía allí iniciamos esta ruta en el 2022 desde Estrasburgo.

Nuestro alojamiento en Saint Germain Laval

La tarde anterior habíamos llegado a Saint Germain para instalarnos por dos noches en nuestro Auberge y recorrimos sus históricas calles. Lugar de paso para viajeros entre Roanne, Lyon y zonas aledañas, cuenta con unos 2.000 habitantes, tiene zonas con encanto, restos medievales y una placita con vistas a los montes vecinos. En esta plaza tomamos una cervecita ambas jornadas en un local, Le Cheval Blanc, atendidos por un camarero que residió tiempo atrás en Santiago de Compostela y después en Argentina, por lo que hablaba decentemente español. Nos contó su historia, que eran tres propietarios/empleados en la taverna, pero que tenían que trabajar mucho para que les saliera a cuenta.


En el Auberge  des Voyageurs, las habitaciones estaban un poco demodés, pero el comedor era singular. Atención a los cuadros y a los adornos del mueble bajo.



Teníamos contratado alojamiento con media pensión a un precio razonable (70 € persona/día en doble, 110 € en individual). El desayuno fue normal, pero las cenas se salieron de lo habitual. Pudimos degustar ancas de rana fritas (grenouilles) y la tortilla de la zona, que no se parece a la nuestra. 

Patatas y huevos para una tortilla un poco diferente

Y el segundo día, entrecot, pastel del salmón y y espinacas, así como los postres correspondientes.Todo bastante bien aunque lo de las ancas de rana no es para todo el mundo, claro.


18 DE ABRIL: DANCE-DOMÉ (cuarta etapa, 17 km)


Salimos como siempre, llamémosle a segunda hora (más o menos las 9:30), por aquello de no perder la mañana ni madrugar en exceso. Seguíamos contando con un tiempo expléndido en una primavera exhuberante. Como contrapartida, al regreso tuvimos un mayo frío y lluvioso en Vigo, caprichos de la climatología primaveral.

Listos para iniciar la caminata del día

La conductora nos acercó a la cercana Dancé, a una decena de kilómetros, y allí nuestros caminos se separaron. Ella se dispuso a conocer la comarca en coche y nosotros a lo nuestro, a patear.


Clarísimamente, como nos informaban los carteles, estábamos en una ruta oficial y principal del Camino entre Cluny y Le Puy, dos centros religiosos de primer orden. Debido a ello la señalización era bastante buena.



La naturaleza estaba esplendorosa y vimos cerezos japoneses en flor en abundancia. Y tranquilidad, mucha tranquilidad, y poca gente, muy poca. Además, era sábado.


Tras un pequeño descenso, a la media hora escasa atravesamos el pueblecito de Amions, que a alguno de los paseantes le trajo a la memoria la ciudad de Amiens, donde vivió muchos años Julio Verne.


Según avanzaba la mañana, la tranquilidad no solo no descendía, sino que se incrementaba.


La aparición de alguna casona señorial con aires de pequeño chateau entretenía nuestro caminar.


Pero el verdadero disfrute eran las sendas boscosas sobre ruta de tierra.


En una pequeña población nos sacó de nuestro ensimismamiento una vivienda decorada con multitud de cartelones, con evidente afán de que sus mensajes no pasaran desapercibidos. Paramos a echarle un vistazo y pronto el interés se nos esfumó, eran textos de carácter conspiranaoico y trufados de ideas de ultraderecha. Como suele ocurrir, con apelaciones repetidas a la libertad. Así que nos dimos a la fuga.


El camino alternó diversos pavimentos, en ocasiones totalmente rústico.


Y también el paisaje, aunque a la salida de un bosque nos topamos con una autopista.Tuvimos que seguir una senda paralela hasta encontrar un paso subterráneo para cruzarla.


Por supuesto encontramos iglesias, y caminando llegamos a una población de cierta importancia, Pommiers en Forez. Con historia desde el neolítico, y muy cuidada, y era el lugar donde en principio habíamos pensado acabar.

Iglesia de san Pedro y san Pablo, en Pommiers

Finalmente decidimos seguir adelante tras recorrer algunas de sus principales calles. Y a unos cientos de metros nos sorprendió al darnos la vuelta esta imagen del palacio junto a cuyos muros habíamos pasado sin percatarnos.

Priorato de Pommiers, con orígenes en los siglos VIII y IX

Bueno, más que un palacete era un priorato. Y estábamos en el corazón de la región vinícola de Beaujolais, vino que probamos en alguna cena. Uno de los paseantes lo conocía de un libro que había leído de niño, una novela titulada simplemente Beaujolais. Leímos que se trata de un antiguo convento benedictino que fue fundamental en el desarrollo de la zona y del que dependían ocho iglesias. Era el cuarto día y los enormes monasterios se sucedían, casi se podía plantear una ruta turística para visitarlos.

Pero nosotros estábamos a lo nuestro, a caminar, y tras saludar al gaterío ventanero seguimos ruta.


Antes, mientras unos se hacían una foto con el encantador paisaje de la zona de fondo....

Atención al cartel, baño para caminantes, un lujo

.... había quien le daba un último cuidado a sus pies.... 


Al salir del pueblo encontramos este antiguo puente, que se conservaba bien, pero no del todo, como se aprecia en la foto inferior. Curiosamente, el cauce del río L´Aix antes debía pasar bajo el puente, pero ahora se encuentra a unos cien o ciento cicuenta metros.

El viejo puente con el priorato de Pommiers al fondo

La realidad es que quizás seguir no fue una buena elección. Estábamos frescos, el camino había sido suave e hicimos otros siete kilómetros, aproximadamente. La pena es que fueron todos sobre asfalto, salvo un trozo final, y que el sol a esas horas castigaba duro. Y a diferencia del día hasta entonces, sin árboles que dieran algo de sombra confortable.

Descansando junto a un lago

Es lo que tiene caminar sin conocer, pero en el camino encontramos un lago que incluso tenía un pequeño embarcadero, e hicimos una parada. Por esta zona abundan los lagos artificiales, creados por los monjes siglos atrás para abastecerse de peces, y estos dos días vimos unos cuantos. Poco después, ya en en Domé, aguardaba Beni y todos juntos nos fuimos al hotel y luego a holgar por Saint Germain antes de la cena


19 DE ABRIL: BUSSY/ALBIEUX-MONTVERDUN (quinta etapa, 16 km)


Salimos como siempre a caminar pero esta vez estimulados por la emoción que nos generó el detalle del frutero que tiene su tienda, Alimentation Vival, frente al hotel de Saint Germain Laval. Fuimos a comprar fruta para media mañana y por nuestra indumentaria y mochilas nos identificó como peregrinos. "¿Compostela?", preguntó. Tras nuestra respuesta positiva se negó a cobrarnos las mandarinas y plátanos que ya nos había pesado. Fue para nosotros un enorme detalle, independientemente del importe de la compra. Le dimos efusivamente las gracias y salimos con un plus de fuerza.

No fue la única vez que recibimos apoyos en la ruta. Varias veces gente que charlaba junto al camino al pasar por aldeas preguntaba si éramos peregrinos. Tras confirmar sus sospechas nos felicitaban. Obviamente es agradable, que lo que para nosotros es una actividad lúdica y senderista concite tanta aprobación.

El símbolo del Camino frente a la iglesia de San Martín en Bussy/Albieux

Salimos de Bussy con la idea de llegar cuanto antes a destino para luego seguir en coche a Clermont Ferrand, casi cien kilómetros de coche. Empezamos en la iglesia de San Martín, que lucía en el pavimento el símbolo jacobeo, un recordatorio que veríamos en algún sitio más.

San Martín de Tours en el pórtico partiendo su capa para ayudar a un mendigo

La iglesia en su configuración actual data de finales del siglo XIX, pero allí existieron sucesivos templos desde el siglo XI, transformada en el XIII en estilo gótico. En su entrada aparece un relieve de San Martín que con su espada parte su capa para ayudar a una persona que lo precisa.

El camino se volvió rural muy pronto

Aunque tuvimos que caminar un rato sobre asfalto, muy pronto se transformó en una senda de tierra con abundancia de árboles, lo que más nos gusta. Y fue una mañana especial, en la que disfrutamos del cántico de los pájaros de seguido y como si fuera un orfeón, menuda sonoridad y volumen.


A tres kilómetros atravesamos la localidad de Arthun, un pueblo muy largo, y salimos de nuevo a un paisaje plano, casi rectilíneo.


Pero no sería así toda la mañana, aparecerían altos y tendríamos que hacer algunas bajadas.

Chateau de Beauvoir, a la salida de Arthun

Si algo caracteriza recorrer el interior de Francia, al menos en esta zona, es la sucesión de abadías y la frecuencia con la que nos encontramos estos palacetes. Este de Beauvoir data de 1780 y, según leemos, construido en estilo Luis XVI  (eso a los profanos nada nos dice) sobre una casona de dos siglos de historia. Actualmente es propiedad municipal, pero no puede visitarse salvo los jardines.
Curiosa caseta destinada al abastecimiento de agua 

Un rato después en medio del campo nos encontramos esta extraña construcción, que nos hizo dudar de su función. Descartada la militar, concluimos que formaba parte de una red de suministro de agua. Era la segunda vez que veíamos instalaciones similares. La otra fue en Briennon y eran varias que estaban junto al Loira. De diseño menos elegante aquellas, seis o siete, separadas unas de otras por unos cien cien metros.

Chateau de la Batie d´Urf, antigua casona rural

Y de nuevo los palacetes. En este caso se trata del Chateau de la Batie d´Urf, incialmente una casa fortaleza medieval transformada en el siglo XVI en esta impresionante mansión renacentista.


Está rodeada por un elevado muro de varios cientos de metros de lado que impide ver lo que hay en su interior, y junto al que discurre el camino. Finalmente encontramos un cartel que informaba de qué se trataba.


Y también una puerta semiabierta que nos permitió curiosear su interior, un recinto de tamaño impresionante.
Reconstrucción de la casona rural (S. XIV)

Muy cambiada un siglo después

Estos carteles informativos nos permitieron imaginar su evolución, qué cosa bien distinta era este palacete cuando se trataba de una casa solariega, aunque defendida por un foso de agua por sus cuatro costados. 

Tras el chateau sabíamos que estábamos llegando al final, pero no veíamos el priorato; al contrario, caminos entre bosques hasta sortear el río Celedón, muy tumultuoso ese día,

Priorato de Montverdun

Al poco apareció el priorato de Montverdun, construido en lo alto de un monte puntiagudo. El Camino de Santiago lo bordea por su base, pero nos pareció de interés y decidimos subir a verlo.

Oratoire de Saint Porchaire, su denominación oficial

El camino era empinado, mucho, pero no demasiado largo. Y como tiene acceso para coches, arriba nos esperaba nuestra conductora con el vehículo.

Vista desde lo alto del Priorato

Aprovechamos para descansar unos minutos y contemplar satisfechos la vista desde el patio.

El grupo de caminantes casi al completo en Montverdun

Hubo quien en un momento afortunado logró esta fotografía realmente destacada, con el grupo dedicado a la contemplación.

Interior de la iglesia de Saint Porchaire

El nombre oficial del priorato de Montverdun es Oratoire de Saint Porchaire, un santuario dedicado a un santo local ligado a leyendas de martirio y milagros en esta región del Forez. Dice la tradición que Porchaire fue un abad martirizado en el siglo VIII por los sarracenos, y mutilado se retiró a este lugar. Y que muy cerca del recinto hay una fuente asociada a curaciones milagrosas. Ajenos a una historia tan intensa, visitamos la iglesia y comprobamos que había jóvenes alojados en el edificio del priorato, como si fuera una residencia. Tras ello nos encaminamos a Clermont Ferrand para nuestra jornada de descanso en medio de las andainas.

martes, 14 de abril de 2026

1) Tres jornadas para circunvalar Roanne


Después de un año de descanso por asuntos varios, el 14 de abril de 2026 nos desplazamos una vez más a Lyon para iniciar el cuarto y último capítulo del recorrido del Camino de Santiago entre Estrasburgo y Le Puy en Velay. El tramo lo iniciamos en 2022, tras la pandemia, seguimos en 2023 y 2024, en 2025 hicimos pellas y ahora ya sí resolvimos esta asignatura pendiente y llegamos a Le Puy, lugar relevante en la ruta jacobea.

Previamente, en la década anterior habíamos iniciado y completado el tramo desde Le Puy hasta Saint Jean Pied de Port. Todo ello está recogido en este blog pero, por recordarlo, nos habíamos puesto en marcha en el 2012 (¡nada menos que hace catorce años!), y continuamos en los años 2013, 2015, 2017 y 2019. Necesitamos un lustro, pero es que la distancia supera los 750 kilómetros, casi la misma que existe entre Saint Jean y Compostela (unos 780). Señalar que antes viajábamos una semana por año, fundamentalmente por motivos laborales, estábamos todavía en activo. Cuando lo retomamos en Estrasburgo, ya jubilados, cada vez fueron dos semanas. A cambio, el tiempo no perdona, los kilómetros de las etapas se redujeron y no es necesario explicar los motivos.

Principales rutas jacobeas en Francia, aunque no figura la de Estrasburgo a Cluny

En el ajuste de etapas para llegar a Le Puy este año y no quedarnos a poca distancia, fue preciso dejar de lado 25 kilómetros entre Propières, donde habíamos terminado en el 2024, y Charlieu, lugar de inicio en este 2026. Fue prácticamente el único caso en estos cuatro años, por lo que del 100 % del recorrido habremos hecho el 95% o más, ya que alguna etapa que se nos hizo larga este año la recortamos un poco. Aunque hubo quien hubiera preferido no dejar huecos sin recorrer, por aquello de las esencias, lo cierto es que no teníamos ninguna obligación. Por tanto, flecos aparte, finalmente completamos la larga ruta desde Estrasburgo hasta Santiago de Compostela y su prolongación a Fisterra y Muxía, bastante más de 2.000 kilómetros. Para nosotros, un hito.

Recorrido entre Estrasburgo y Le Puy a lo largo de cuatro años

Volviendo al 2026, el 14 de abril, a la llegada al aeropuerto de Lyon, comprobamos que las ventajas de desplazarse entre países del grupo Schengen estaban suspendidas. Ello nos forzó a pasar control de identidad antes de recoger el coche que habíamos alquilado y salir en dirección a Roanne. 

Esta pequeña ciudad fue nuestra base de operaciones los tres primeros días. Motivo: el camino pasa muy cerca haciendo un gran círculo, y al disponer de vehículo no necesitábamos pernoctar junto a la ruta. Además, no siempre hay alojamiento disponible y menos para las siete personas.

Pero no solo eso. Al viajar una persona lesionada, aunque con capacidad de conducir, no fue necesario alquilar dos coches como en las tres ocasiones anteriores (recordad lo de llevar uno al final del trayecto el día anterior, y con este coche volver al que había quedado en el lugar de salida una vez hecha la caminata del día...). Y, además, nuestra conductora estaba disponible para atender cualquier demanda de los paseantes o aparecía de improviso con un tentempié a última hora de la mañana. Un lujazo... aunque todos hubiéramos preferido tenerla como compañera de andaina.


15 DE ABRIL: CHARLIEU-NOAILLY (primera etapa,16 km)


Frente a la iglesia de Charlieu, listos para la primera caminata

Salvo alguna excepción, la rutina fue siempre la misma. Tras levantarnos y desayunar, en coche al punto de partida para iniciar la ruta. Este primer día fuimos desde el hotel de Roanne a Charlieu, una pequeña y vistosa localidad por la que dimos un paseo antes de ponernos en marcha. Estábamos en el departamento de Loira, que abandonaríamos unos días después.

La histórica casa del fondo nos llamó la atención

Era un día soleado y ligeramente fresco, ideal para caminar. Este buen tiempo nos acompañaría a lo largo de las dos semanas, incluso con incremento de las temperaturas. Fue una sorpresa ya que dos años antes pasamos mucho frío. Tampoco llovió ni un solo día.

Abadía benedictina de San Fortunato, en Charlieu, que tiene una larga historia

Antes de abandonar el pueblo pasamos frente a la antigua abadía benedictina, que hunde sus orígenes nada menos que en el siglo IX. La visita no estaba prevista pues era incompatible con la ruta, nos hubiera retrasado. A cambio, nos hartaríamos de ver iglesias.


Nos limitamos a leer su historía para enterarnos de que había sido benedictina. Originalmente era un modesto templo que décadas después pasó a la jurisdicción de Cluny, cuya impresionante abadía visitamos en su momento.


Así que contemplando su preciosa portada nos pusimos en ruta.


Estábamos contentos, el día acompañaba y hasta algún árbol espectacular salió a despedirnos.


Así que rememoramos el clásico de las botas enmarcando una señal horizontal del Camino y nos pusimos en marcha.


En un principio sobre asfalto, pero la ruta resultó cómoda, el paisaje agradable, y la tranquilidad absoluta.


Al lado de la ruta, casonas impresionantes de esas que te hacen preguntarte por su historia y sus propietarios. Pasados tres kilómetros, Saint Nizier, un pueblecito en apariencia sin mayor interés.

Protesta contra el cierre de un colegio en Pouilly

Otros tres kilómetros más tarde Pouilly-sous-Charlieu, un poco más grande pero no llegamos al centro. Un cartel-sábana protestaba contra el previsto cierre de una escuela. Aparentemente, circulábamos por la Francia vaciada, y eso, como en España, tiene muchas consecuencias. 

El río Loira, que sería nuestro compañero 

El río Loira apareció en nuestro camino en Pouilly y no sería la última vez, jugaríamos estos días en varias ocasiones a cruzarlo y descruzarlo, por algo nos movíamos por el departamento de Loira.


Hubo alguna paradita técnica para descansar cuando ya habíamos hecho unos cuantos kilómetros de la ruta.
Los primeros peregrinos de este año

Entrando en Benisson nos adelantaron unos peregrinos pata negra, con la indumentaria adecuada al caso y enormes mochilas, como si estuviéramos en el camino francés en España. Nos recordaron nuestro pasado caminante, cuando nos movíamos con el equipaje a la espalda e ignorábamos que era un coche de apoyo.

Puerto fluvial de Briennon

Y al otro lado de Pouilly, a unos 500 metros, la localidad de Briennon y su puerto deportivo fluvial, una infraestructura que siempre nos llama la atención tras nuestros viajes en barco por los canales del Midi y del Loira años atrás.

Este año un Camino señalizado

Aunque casi siempre seguíamos una ruta de Wikilock que coincide con el Camino de Santiago, estaba grabada hace unos diez años y se habían producido cambios. Variaba algo con el Camino actual, bien identificado con señales y  pegatinas de la ruta jacobea. Entre ambas conseguimos hacer unas caminatas sin sobresaltos ni despistes, salvo en una ocasión, pero sin consecuencias.


Y la cercanía de Le Puy era patente en los mensajes relativos al Camino. La ruta iba tomando ambiente, camino señalizado y algunos peregrinos.


El siguiente tramo vino marcado por un camino rural, con bosques, suelo de tierra, abundancia de robles, carpinos, prunus y mucha sombra.

Le Benisson-Dieu como surgiendo de la nada

Con la ruta avanzada divisamos una torre que sobresalía de una hondonada, donde descubrimos la localidad de Le Benisson-Dieu. Parecía una iglesia atractiva y hacia allí nos dirigimos siguiendo la ruta oficial del Camino.
Impresionante torre de la iglesia abacial

Era realmente un templo excepcional y forma parte de la abadía Bendición de Dios, del siglo XII.

La abadía y el impresionante rosetón románico de su iglesia

El templo estaba abierto y pudimos recorrerlo con tranquilidad. Construido con la piedra amarilla de la zona, conforma un conjunto muy atractivo. Y pese a la majestusidad del recinto, solo vimos a una persona en el pueblo.


A la salida de Benisson, tiempo para alguna fotografía artística a la entrada de un palacete con un enorme jardín.

Cruzando el río La Teyssone después de Benisson

Seguimos la ruta disfrutando de la jornada y en la salida de Benisson vimos unos limpios baños destinados a los peregrinos. Lo agradecimos. 


Tutelados por unas señales que nunca nos abandonaban, en la lejanía apareció Noailly, nuestra meta, adonde llegamos a las 14,30 tras cuatro horas de agradable marcha. 

Reencuentro en Noally, aahora sí el grupo al completo

Después, lo previsible, en coche al hotel, paseo por Roanne, cervecita o similar para jugar un chinchimoni y decidir el lugar de la cena, una de las cuestiones más importantes y difíciles de cada jornada. Al recogernos por la noche comprobamos que habíamos hecho 25 kilómetros en el día, los 16 más o menos de la ruta y el añadido de un largo pateo por Roanne. La vida del peregrino es, ciertamente, dura.


16 DE ABRIL
: BALIERES-CHACELLES/ST. ALBAN (segunda etapa, 23 km)


Ya estábamos metidos de lleno en la actividad caminante, tanto que esta segunda etapa se alargó hasta los 25 kilómetros, excesiva para nosotros pues buscábamos hacer entre 15 y 20. Tanto, que al regresar a Roanne no hubo paseo suplementario por la ciudad y, tras descansar un poco, nos fuimos a cenar con el coche.

Iglesia de Noailly, lugar de inicio del paseo

La iglesia de Noailly fue el punto de salida y empezamos a andar tras las fotos. Unos cientos de metros después la fotógrafa se dio cuenta de que se había olvidado el móvil. Zafarrancho, nervios, carreras, pero por suerte el artilugio estaba en el mismo sitio donde lo había apoyado poco antes para hacer una foto. Se quedó en un pequeño susto.


Tras leer en un cartel sobre la pasada grandeza de esta zona, de seguido nos internamos por caminos rurales. Allí disfrutamos de un decorado que se nos haría habitual a fuerza de repetirse cada día: senderos de tierra, árboles, sombra a ratos, granjas salpicadas por los alrededores y siempre ordenadas, cultivos de cereal y colza, grandes extensiones de praderas de hierba, poca gente y tranquilidad a raudales.


También mucho ganado, fundamentalmente vacuno, en esta primera etapa vacas charolesas, sin cuernos y siempre interesadas en los caminantes. Con frecuencia estaban en un extremo alejado de la finca y al vernos se acercaban a contemplarnos, muy curioso.

Indicaciones casi siempre con el símbolo jacobeo

Solo habíamos salido cuatro a caminar. La conductora y otros dos miembros del grupo prefirieron hacer una excursión a la relativamente cercana Vichy, donde pasaron una agradable mañana. A ocho kilómetros de la salida, encontramos la población de Saint Romain le Motte.


Fue una suerte encontrar un bar abierto para tomar un café. Y junto al bar, una pequeña escultura de un peregrino.


Se sucedían las alusiones al Camino.


Nos reconfortó descubrir que solo estábamos a 1.750 kilómetros de Compostela, de los que el 90% ya los habíamos recorrido y el escaso 10% restante estábamos en ello.


Para seguir adelante nos estimulaban las frecuentes alusiones al Camino de Santiago, a diferencia de lo ocurrido en los tres años anteriores entre Estrasburgo y Propières.


Fue un día de poca sombra, pero como no hacía calor lo llevamos bien. El paisaje también ayudaba.


Un rato después se levantó viento, estábamos cerca de las montañas. Y aparecieron las cuestas, no todo iba a ser llanear.


En medio de la nada, del silencio del campo en el que no veíamos a nadie, seguimos la ruta.


Cuando nos dimos cuenta la etapa se había estirado y estábamos en Saint Haon Le Chaon. Iban 15 kilómetros y quedaba aún mucho por delante.

Saint Haon le Chaon

Tiene una zona medieval y restos de  murallas. Nos llamó la atención este torreón, evidentemente resto de un complejo defensivo, a la que han endosado en la cúspide una imagen religiosa. Una mezcla extraña.


Dentro de nuestro doctorado en mairies (alcaldías) vimos una más y la inmortalizamos. Cada pueblo tiene la suya y a veces parecen muy grandes para poblaciones tan pequeñas.


En animales también nos doctoramos. Nos sorprendía la frecuencia con la que veíamos burros, muy raros ya en España. Imaginamos que alguna utilidad obtienen de estos sufridos animales.


Y en la mayoría de las localidades, sus bibliotecas callejeras de uso libre. Esta era relativamente grande, otras son como antiguas cabinas de teléfono con unas decenas de libros. El que quiere se los lleva y los devuelve.


Y retratamos a este peregrino fake haciéndole compañía en su caminar a ninguna parte. Una ruta jacobea con ganas de que se sepa. Habíamos llegado a Saint André de Apchon y estábamos cansados, pero no podíamos llamar al coche escoba ya que los viajeros seguían todavía por Vichy.


Tras debatirlo, optamos por hacer un recorte y ahorrarnos un tramo de cuatro kilómetros de subidas y bajadas, que cambiamos por un par de kilómetros en llano, por ese día ya estaba ganado el jubileo. Y así llegamos a Saint Alban, donde un rato después apareció la furgoneta y todos juntos nos fuimos para Roanne a descansar un rato antes de cenar.


17 DE ABRIL: LENTIGNY-BULLY (tercera etapa, 16 km)


Empezamos en Lentigny aunque habíamos terminado en Saint Alban, y de esta forma acortamos cinco kilómetros al comienzo. El encargado del diseño diario de la ruta la modificaba según conviniera, principalmente para no alargarlas en exceso dependiendo de su dureza. Esta vez, además, salimos de Lentigny por el sitio equivocado y tuvimos que desandar lo andado, añadiendo dos kilómetros no previstos.


Tras la foto diaria de salida, habitualmente ante una iglesia, supimos que estábamos recorriendo un paisaje típico francés conocido como vallonné, con colinas, subidas y bajadas por tanto, y frondoso. Se preveía un día nublado pero salió el sol y pasamos incluso calor, las temperaturas estaba subiendo.


A los cinco kilómetros llegamos a Saint Jean, un pueblo en apariencia normal donde aprovechamos para descansar un poquito. En realidad son dos pueblos pegados, con un nombre conjunto, Saint Jean y Saint Maurice, pero delimitados y muy distintos. Unidos desde 1974, antes eran Saint Jean Le Puy y Saint Maurice sur Loire.

El arco del fondo daba paso a una localidad de aires medievales, Saint Maurice

Tras la parada atravesamos la plaza de la imagen superior y el panorama cambió: apareció un recinto con muros y edificios medievales colgado en un risco sobre el Loira.

Interesante iglesia románica de Saint Maurice

Disfrutamos de la bajada hasta el borde del río, y tras descender contemplamos Saint Maurice desde abajo.

Vista de Saint Maurice desde el borde del Loira

Sin mucho esfuerzo distinguíamos una localidad resguardada tras sus  murallas, con aires claramente medievales.

Junto al Loira tras descender desde Saint Maurice

Junto al río nos despejamos de la ropa de abrigo, el día se había puesto realmente caluroso. 

Circuito de fitness para caminantas motivadas

Cuando pensábamos que íbamos a seguir bordeando el río, de repente ya no estaba. No entendimos lo que pasaba, incluso llegamos a pensar si sería el nacimiento del Loira, lo que descartamos tras las correspondientes consultas.


Sea como fuere, estábamos de nuevo en una ruta campestre y rural, pero sin agua a la vista. Tras un rato de caminata llegamos a Bully, un pueblecito pequeño que no nos pareció nada especial.

Bar de Bully, donde tomamos un almuerzo que no estaba previsto

Pero.... encontramos un bar-restaurante abierto donde nos pusieron unas generosas raciones de quesos y salchichón de la zona.


Esta imprevista incidencia tuvo consecuencias. Dimos cuenta de las viandas y al terminar no teníamos ganar de caminar más. Previsores, habíamos llamado a la conductora para el condumio y todos juntos optamos por volver a Roanne.


ROANNE,  UNA TRANQUILA CIUDAD EN DECLIVE


Ninguno de los caminantes había estado anterirormente en Roanne, algo nada extraño dado que no se encuentra en ninguna ruta turística ni tiene especiales atractivos. Antes del viaje supimos que lleva décadas en decadencia, que en los últimos cincuenta años ha perdido el 40% de su población, pasando de unos 60.000 habitantes a solo 35.000. El hundimiento de las manufacturas textiles y la industria del metal explican este llamativo descenso.

Paseo fluvial junto al Loira a su paso por Roanne

En cualquier caso, recorrer esta pequeña población es agradable. Un lugar tranquilo en el que no se intuye que tenga 2.000 años de historia desde su pasado galo-romano como Rodumna. No vimos restos antiguos y solo algún edificio destacado como el teatro y el ayuntamiento en la plaza principal, y también la iglesia de Santa Ana.

Sorprendente escultura con dos flexos en la zona próxima al Loira

Es una urbe llana, que se recorre con facilidad, y por ella dimos algunos paseos.

Esfera de metal instalada en la plaza del Mercado, que representa el mundo

Cuenta con varias plazas de interés, entre ellas la del Mercado, donde el artista Gabriel Diana instaló esta llamativa escultura, una esfera metálica formada por personas entrelazadas.


Llama igualmente la atención este trampantojo, situado en una medianera cerca de la iglesia de Santa Ana, realmente logrado.

Hotrel Kyriad Direct de Roanne, nuestro alojamiento

Los tres días estuvimos alojado en el Kyriad, una cadena de hoteles para estancias cortas que se caracteriza por su funcionalidad y precio razonable. Estuvimos a gusto y el desayuno decente.

Plato de coliflor de Le Linda

Con los restaurantes tuvimos suerte. La noche de la llegada junto al hotel localizamos el Demain Charette, con un bufé muy variado que nos gustó (30€ sin bebida).

Salmón igualmente de Le Linda

Al día siguiente elegimos Le Linda, en el centro, de precio similar, donde tomamos huevo perfecto, pescados y risotto. El último día recalamos en Le Coq en pulpe, un poco más caro (35€) y también satisfactorio

Jugando al chinchimonis en la terraza de la Taverna Alsaciana

Si bien tuvimos suerte con los restaurantes, fue trabajoso. Muchos estaban cerrados esos días y en otros no nos aceptaron, sin que sepamos bien por qué.

Chateau de la Roche, a 20 kilómetros de Roanne

Por las inmediaciones de Roanne sí existen recintos espectaculares, como este Chateau de la Roche, del siglo XIII, situado en un espolón rocoso en el Loira. Por allí anduvo nuestra conductora aprovechando el tiempo mientras el resto del grupo caminaba. Con este impresionante castillo y con el mapa del relieve de nuestras caminatas entre Estrasburgo y Le Puy cerramos la entrada. Aunque fue mayoritariamente plano o con escasos desniveles, lo cierto es que salimos a 134 metros sobre el nivel del mar y en ocasiones rozamos los 1.200.