martes, 14 de abril de 2026

1) Tres jornadas para circunvalar Roanne


Después de un año de descanso por asuntos varios, el 14 de abril de 2026 nos desplazamos una vez más a Lyon para iniciar el cuarto y último capítulo del recorrido del Camino de Santiago entre Estrasburgo y Le Puy en Velay. El tramo lo iniciamos en 2022, tras la pandemia, seguimos en 2023 y 2024, en 2025 hicimos pellas y ahora ya sí resolvimos esta asignatura pendiente y llegamos a Le Puy, lugar relevante en la ruta jacobea.

Previamente, en la década anterior habíamos iniciado y completado el tramo desde Le Puy hasta Saint Jean Pied de Port. Todo ello está recogido en este blog pero, por recordarlo, nos habíamos puesto en marcha en el 2012 (¡nada menos que hace catorce años!), y continuamos en los años 2013, 2015, 2017 y 2019. Necesitamos un lustro, pero es que la distancia supera los 750 kilómetros, casi la misma que existe entre Saint Jean y Compostela (unos 780). Señalar que antes viajábamos una semana por año, fundamentalmente por motivos laborales, estábamos todavía en activo. Cuando lo retomamos en Estrasburgo, ya jubilados, cada vez fueron dos semanas. A cambio, el tiempo no perdona, los kilómetros de las etapas se redujeron y no es necesario explicar los motivos.

Principales rutas jacobeas en Francia, aunque no figura la de Estrasburgo a Cluny

En el ajuste de etapas para llegar a Le Puy este año y no quedarnos a poca distancia, fue preciso dejar de lado 25 kilómetros entre Propières, donde habíamos terminado en el 2024, y Charlieu, lugar de inicio en este 2026. Fue prácticamente el único caso en estos cuatro años, por lo que del 100 % del recorrido habremos hecho el 95% o más, ya que alguna etapa que se nos hizo larga este año la recortamos un poco. Aunque hubo quien hubiera preferido no dejar huecos sin recorrer, por aquello de las esencias, lo cierto es que no teníamos ninguna obligación. Por tanto, flecos aparte, finalmente completamos la larga ruta desde Estrasburgo hasta Santiago de Compostela y su prolongación a Fisterra y Muxía, bastante más de 2.000 kilómetros. Para nosotros, un hito.

Recorrido entre Estrasburgo y Le Puy a lo largo de cuatro años

Volviendo al 2026, el 14 de abril, a la llegada al aeropuerto de Lyon, comprobamos que las ventajas de desplazarse entre países del grupo Schengen estaban suspendidas. Ello nos forzó a pasar control de identidad antes de recoger el coche que habíamos alquilado y salir en dirección a Roanne. 

Esta pequeña ciudad fue nuestra base de operaciones los tres primeros días. Motivo: el camino pasa muy cerca haciendo un gran círculo, y al disponer de vehículo no necesitábamos pernoctar junto a la ruta. Además, no siempre hay alojamiento disponible y menos para las siete personas.

Pero no solo eso. Al viajar una persona lesionada, aunque con capacidad de conducir, no fue necesario alquilar dos coches como en las tres ocasiones anteriores (recordad lo de llevar uno al final del trayecto el día anterior, y con este coche volver al que había quedado en el lugar de salida una vez hecha la caminata del día...). Y, además, nuestra conductora estaba disponible para atender cualquier demanda de los paseantes o aparecía de improviso con un tentempié a última hora de la mañana. Un lujazo... aunque todos hubiéramos preferido tenerla como compañera de andaina.


15 DE ABRIL: CHARLIEU-NOAILLY (primera etapa,16 km)


Frente a la iglesia de Charlieu, listos para la primera caminata

Salvo alguna excepción, la rutina fue siempre la misma. Tras levantarnos y desayunar, en coche al punto de partida para iniciar la ruta. Este primer día fuimos desde el hotel de Roanne a Charlieu, una pequeña y vistosa localidad por la que dimos un paseo antes de ponernos en marcha. Estábamos en el departamento de Loira, que abandonaríamos unos días después.

La histórica casa del fondo nos llamó la atención

Era un día soleado y ligeramente fresco, ideal para caminar. Este buen tiempo nos acompañaría a lo largo de las dos semanas, incluso con incremento de las temperaturas. Fue una sorpresa ya que dos años antes pasamos mucho frío. Tampoco llovió ni un solo día.

Abadía benedictina de San Fortunato, en Charlieu, que tiene una larga historia

Antes de abandonar el pueblo pasamos frente a la antigua abadía benedictina, que hunde sus orígenes nada menos que en el siglo IX. La visita no estaba prevista pues era incompatible con la ruta, nos hubiera retrasado. A cambio, nos hartaríamos de ver iglesias.


Nos limitamos a leer su historía para enterarnos de que había sido benedictina. Originalmente era un modesto templo que décadas después pasó a la jurisdicción de Cluny, cuya impresionante abadía visitamos en su momento.


Así que contemplando su preciosa portada nos pusimos en ruta.


Estábamos contentos, el día acompañaba y hasta algún árbol espectacular salió a despedirnos.


Así que rememoramos el clásico de las botas enmarcando una señal horizontal del Camino y nos pusimos en marcha.


En un principio sobre asfalto, pero la ruta resultó cómoda, el paisaje agradable, y la tranquilidad absoluta.


Al lado de la ruta, casonas impresionantes de esas que te hacen preguntarte por su historia y sus propietarios. Pasados tres kilómetros, Saint Nizier, un pueblecito en apariencia sin mayor interés.

Protesta contra el cierre de un colegio en Pouilly

Otros tres kilómetros más tarde Pouilly-sous-Charlieu, un poco más grande pero no llegamos al centro. Un cartel-sábana protestaba contra el previsto cierre de una escuela. Aparentemente, circulábamos por la Francia vaciada, y eso, como en España, tiene muchas consecuencias. 

El río Loira, que sería nuestro compañero 

El río Loira apareció en nuestro camino en Pouilly y no sería la última vez, jugaríamos estos días en varias ocasiones a cruzarlo y descruzarlo, por algo nos movíamos por el departamento de Loira.


Hubo alguna paradita técnica para descansar cuando ya habíamos hecho unos cuantos kilómetros de la ruta.
Los primeros peregrinos de este año

Entrando en Benisson nos adelantaron unos peregrinos pata negra, con la indumentaria adecuada al caso y enormes mochilas, como si estuviéramos en el camino francés en España. Nos recordaron nuestro pasado caminante, cuando nos movíamos con el equipaje a la espalda e ignorábamos que era un coche de apoyo.

Puerto fluvial de Briennon

Y al otro lado de Pouilly, a unos 500 metros, la localidad de Briennon y su puerto deportivo fluvial, una infraestructura que siempre nos llama la atención tras nuestros viajes en barco por los canales del Midi y del Loira años atrás.

Este año un Camino señalizado

Aunque casi siempre seguíamos una ruta de Wikilock que coincide con el Camino de Santiago, estaba grabada hace unos diez años y se habían producido cambios. Variaba algo con el Camino actual, bien identificado con señales y  pegatinas de la ruta jacobea. Entre ambas conseguimos hacer unas caminatas sin sobresaltos ni despistes, salvo en una ocasión, pero sin consecuencias.


Y la cercanía de Le Puy era patente en los mensajes relativos al Camino. La ruta iba tomando ambiente, camino señalizado y algunos peregrinos.


El siguiente tramo vino marcado por un camino rural, con bosques, suelo de tierra, abundancia de robles, carpinos, prunus y mucha sombra.

Le Benisson-Dieu como surgiendo de la nada

Con la ruta avanzada divisamos una torre que sobresalía de una hondonada, donde descubrimos la localidad de Le Benisson-Dieu. Parecía una iglesia atractiva y hacia allí nos dirigimos siguiendo la ruta oficial del Camino.
Impresionante torre de la iglesia abacial

Era realmente un templo excepcional y forma parte de la abadía Bendición de Dios, del siglo XII.

La abadía y el impresionante rosetón románico de su iglesia

El templo estaba abierto y pudimos recorrerlo con tranquilidad. Construido con la piedra amarilla de la zona, conforma un conjunto muy atractivo. Y pese a la majestusidad del recinto, solo vimos a una persona en el pueblo.


A la salida de Benisson, tiempo para alguna fotografía artística a la entrada de un palacete con un enorme jardín.

Cruzando el río La Teyssone después de Benisson

Seguimos la ruta disfrutando de la jornada y en la salida de Benisson vimos unos limpios baños destinados a los peregrinos. Lo agradecimos. 


Tutelados por unas señales que nunca nos abandonaban, en la lejanía apareció Noailly, nuestra meta, adonde llegamos a las 14,30 tras cuatro horas de agradable marcha. 

Reencuentro en Noally, aahora sí el grupo al completo

Después, lo previsible, en coche al hotel, paseo por Roanne, cervecita o similar para jugar un chinchimoni y decidir el lugar de la cena, una de las cuestiones más importantes y difíciles de cada jornada. Al recogernos por la noche comprobamos que habíamos hecho 25 kilómetros en el día, los 16 más o menos de la ruta y el añadido de un largo pateo por Roanne. La vida del peregrino es, ciertamente, dura.


16 DE ABRIL
: BALIERES-CHACELLES/ST. ALBAN (segunda etapa, 25 km)


Ya estábamos metidos de lleno en la actividad caminante, tanto que esta segunda etapa se alargó hasta los 25 kilómetros, excesiva para nosotros pues buscábamos hacer entre 15 y 20. Tanto, que al regresar a Roanne no hubo paseo suplementario por la ciudad y, tras descansar un poco, nos fuimos a cenar con el coche.

Iglesia de Noailly, lugar de inicio del paseo

La iglesia de Noailly fue el punto de salida y empezamos a andar tras las fotos. Unos cientos de metros después la fotógrafa se dio cuenta de que se había olvidado el móvil. Zafarrancho, nervios, carreras, pero por suerte el artilugio estaba en el mismo sitio donde lo había apoyado poco antes para hacer una foto. Se quedó en un pequeño susto.


Tras leer en un cartel sobre la pasada grandeza de esta zona, de seguido nos internamos por caminos rurales. Allí disfrutamos de un decorado que se nos haría habitual a fuerza de repetirse cada día: senderos de tierra, árboles, sombra a ratos, granjas salpicadas por los alrededores y siempre ordenadas, cultivos de cereal y colza, grandes extensiones de praderas de hierba, poca gente y tranquilidad a raudales.


También mucho ganado, fundamentalmente vacuno, en esta primera etapa vacas charolesas, sin cuernos y siempre interesadas en los caminantes. Con frecuencia estaban en un extremo alejado de la finca y al vernos se acercaban a contemplarnos, muy curioso.

Indicaciones casi siempre con el símbolo jacobeo

Solo habíamos salido cuatro a caminar. La conductora y otros dos miembros del grupo prefirieron hacer una excursión a la relativamente cercana Vichy, donde pasaron una agradable mañana. A ocho kilómetros de la salida, encontramos la población de Saint Romain le Motte.


Fue una suerte encontrar un bar abierto para tomar un café. Y junto al bar, una pequeña escultura de un peregrino.


Se sucedían las alusiones al Camino.


Nos reconfortó descubrir que solo estábamos a 1.750 kilómetros de Compostela, de los que el 90% ya los habíamos recorrido y el escaso 10% restante estábamos en ello.


Para seguir adelante nos estimulaban las frecuentes alusiones al Camino de Santiago, a diferencia de lo ocurrido en los tres años anteriores entre Estrasburgo y Propières.


Fue un día de poca sombra, pero como no hacía calor lo llevamos bien. El paisaje también ayudaba.


Un rato después se levantó viento, estábamos cerca de las montañas. Y aparecieron las cuestas, no todo iba a ser llanear.


En medio de la nada, del silencio del campo en el que no veíamos a nadie, seguimos la ruta.


Cuando nos dimos cuenta la etapa se había estirado y estábamos en Saint Haon Le Chaon. Iban 15 kilómetros y quedaba aún mucho por delante.

Saint Haon le Chaon

Tiene una zona medieval y restos de  murallas. Nos llamó la atención este torreón, evidentemente resto de un complejo defensivo, a la que han endosado en la cúspide una imagen religiosa. Una mezcla extraña.


Dentro de nuestro doctorado en mairies (alcaldías) vimos una más y la inmortalizamos. Cada pueblo tiene la suya y a veces parecen muy grandes para poblaciones tan pequeñas.


En animales también nos doctoramos. Nos sorprendía la frecuencia con la que veíamos burros, muy raros ya en España. Imaginamos que alguna utilidad obtienen de estos sufridos animales.


Y en la mayoría de las localidades, sus bibliotecas callejeras de uso libre. Esta era relativamente grande, otras son como antiguas cabinas de teléfono con unas decenas de libros. El que quiere se los lleva y los devuelve.


Y retratamos a este peregrino fake haciéndole compañía en su caminar a ninguna parte. Una ruta jacobea con ganas de que se sepa. Habíamos llegado a Saint André de Apchon y estábamos cansados, pero no podíamos llamar al coche escoba ya que los viajeros seguían todavía por Vichy.


Tras debatirlo, optamos por hacer un recorte y ahorrarnos un tramo de cuatro kilómetros de subidas y bajadas, que cambiamos por un par de kilómetros en llano, por ese día ya estaba ganado el jubileo. Y así llegamos a Saint Alban, donde un rato después apareció la furgoneta y todos juntos nos fuimos para Roanne a descansar un rato antes de cenar.


17 DE ABRIL: LENTIGNY-BULLY (tercera etapa, 18 km)


Empezamos en Lentigny aunque habíamos terminado en Saint Alban, y de esta forma acortamos cinco kilómetros al comienzo. El encargado del diseño diario de la ruta la modificaba según conviniera, principalmente para no alargarlas en exceso dependiendo de su dureza. Esta vez, además, salimos de Lentigny por el sitio equivocado y tuvimos que desandar lo andado, añadiendo dos kilómetros no previstos.


Tras la foto diaria de salida, habitualmente ante una iglesia, supimos que estábamos recorriendo un paisaje típico francés conocido como vallonné, con colinas, subidas y bajadas por tanto, y frondoso. Se preveía un día nublado pero salió el sol y pasamos incluso calor, las temperaturas estaba subiendo.


A los cinco kilómetros llegamos a Saint Jean, un pueblo en apariencia normal donde aprovechamos para descansar un poquito. En realidad son dos pueblos pegados, con un nombre conjunto, Saint Jean y Saint Maurice, pero delimitados y muy distintos. Unidos desde 1974, antes eran Saint Jean Le Puy y Saint Maurice sur Loire.

El arco del fondo daba paso a una localidad de aires medievales, Saint Maurice

Tras la parada atravesamos la plaza de la imagen superior y el panorama cambió: apareció un recinto con muros y edificios medievales colgado en un risco sobre el Loira.

Interesante iglesia románica de Saint Maurice

Disfrutamos de la bajada hasta el borde del río, y tras descender contemplamos Saint Maurice desde abajo.

Vista de Saint Maurice desde el borde del Loira

Sin mucho esfuerzo distinguíamos una localidad resguardada tras sus  murallas, con aires claramente medievales.

Junto al Loira tras descender desde Saint Maurice

Junto al río nos despejamos de la ropa de abrigo, el día se había puesto realmente caluroso. 

Circuito de fitness para caminantas motivadas

Cuando pensábamos que íbamos a seguir bordeando el río, de repente ya no estaba. No entendimos lo que pasaba, incluso llegamos a pensar si sería el nacimiento del Loira, lo que descartamos tras las correspondientes consultas.


Sea como fuere, estábamos de nuevo en una ruta campestre y rural, pero sin agua a la vista. Tras un rato de caminata llegamos a Bully, un pueblecito pequeño que no nos pareció nada especial.

Bar de Bully, donde tomamos un almuerzo que no estaba previsto

Pero.... encontramos un bar-restaurante abierto donde nos pusieron unas generosas raciones de quesos y salchichón de la zona.


Esta imprevista incidencia tuvo consecuencias. Dimos cuenta de las viandas y al terminar no teníamos ganar de caminar más. Previsores, habíamos llamado a la conductora para el condumio y todos juntos optamos por volver a Roanne.


ROANNE,  UNA TRANQUILA CIUDAD EN DECLIVE


Ninguno de los caminantes había estado anterirormente en Roanne, algo nada extraño dado que no se encuentra en ninguna ruta turística ni tiene especiales atractivos. Antes del viaje supimos que lleva décadas en decadencia, que en los últimos cincuenta años ha perdido el 40% de su población, pasando de unos 60.000 habitantes a solo 35.000. El hundimiento de las manufacturas textiles y la industria del metal explican este llamativo descenso.

Paseo fluvial junto al Loira a su paso por Roanne

En cualquier caso, recorrer esta pequeña población es agradable. Un lugar tranquilo en el que no se intuye que tenga 2.000 años de historia desde su pasado galo-romano como Rodumna. No vimos restos antiguos y solo algún edificio destacado como el teatro y el ayuntamiento en la plaza principal, y también la iglesia de Santa Ana.

Sorprendente escultura con dos flexos en la zona próxima al Loira

Es una urbe llana, que se recorre con facilidad, y por ella dimos algunos paseos.

Esfera de metal instalada en la plaza del Mercado, que representa el mundo

Cuenta con varias plazas de interés, entre ellas la del Mercado, donde el artista Gabriel Diana instaló esta llamativa escultura, una esfera metálica formada por personas entrelazadas.


Llama igualmente la atención este trampantojo, situado en una medianera cerca de la iglesia de Santa Ana, realmente logrado.

Hotrel Kyriad Direct de Roanne, nuestro alojamiento

Los tres días estuvimos alojado en el Kyriad, una cadena de hoteles para estancias cortas que se caracteriza por su funcionalidad y precio razonable. Estuvimos a gusto y el desayuno decente.

Plato de coliflor de Le Linda

Con los restaurantes tuvimos suerte. La noche de la llegada junto al hotel localizamos el Demain Charette, con un bufé muy variado que nos gustó (30€ sin bebida).

Salmón igualmente de Le Linda

Al día siguiente elegimos Le Linda, en el centro, de precio similar, donde tomamos huevo perfecto, pescados y risotto. El último día recalamos en Le Coq en pulpe, un poco más caro (35€) y también satisfactorio

Jugando al chinchimonis en la terraza de la Taverna Alsaciana

Si bien tuvimos suerte con los restaurantes, fue trabajoso. Muchos estaban cerrados esos días y en otros no nos aceptaron, sin que sepamos bien por qué.

Chateau de la Roche, a 20 kilómetros de Roanne

Por las inmediaciones de Roanne sí existen recintos espectaculares, como este Chateau de la Roche, del siglo XIII, situado en un espolón rocoso en el Loira. Por allí anduvo nuestra conductora aprovechando el tiempo mientras el resto del grupo caminaba. Con este impresionante castillo y con el mapa del relieve de nuestras caminatas entre Estrasburgo y Le Puy cerramos la entrada. Aunque fue mayoritariamente plano o con escasos desniveles, lo cierto es que salimos a 134 metros sobre el nivel del mar y en ocasiones rozamos los 1.200.