domingo, 26 de abril de 2026

5) Las dos etapas finales para alcanzar Le Puy en Velay

Nos encontrábamos ya muy cerca de Le Puy en Velay cuatro años después de iniciar la ruta en Estrasburgo y el final estaba al alcance de la mano. No lo pudimos lograr el año anterior, 2025, por una serie de problemas personales a la hora de fijar las fechas de la excursión, lo que nos llevó a suspenderla. Finalmente logramos retomarla este año y estábamos a punto de acabar. Eso sí, por distintos motivos con algunas bajas en el grupo.

Una foto de 2022, todos un poco más jóvenes cuando hicimos las primeras etapas desde Estraburgo

Estas dos etapas que faltaban suponía cada una de ellas un descenso de 200 metros de altura. Sin embargo, ni mucho menos quiere decir que no hubiera subidas y bajadas. En la primera hubo ascensos por un total de 200 metros, y por tanto el doble de bajadas, 400. Mucho mayor fue la desproporción en la segunda, la final a Le Puy, algo más de 300 metros de subida y superó los 500 de bajadas. Por ello tuvieron su miga aunque no fueron muy largas, especialmente la última. Lo hicimos adrede para no llegar tarde a Le Puy, queríamos tiempo para disfrutar de esta pequeña y entrañable población jacobea.

Fueron dos jornadas de ciudades relevantes. El primer día Saint Paulien, la antigua capital del Velay, y al día siguiente Le Puy, muy conocida y sin duda interesante.


 25 DE ABRIL: DE BELLEVUE LE MONTAGNE A NOLHAC (décima etapa, 17 km)


Iniciamos la caminata desde el hotel des Voyageurs descartando los cinco primeros kilómetros desde Chomelix. Una vez más hicimos un ajuste para dejar la ruta a nuestra conveniencia. En el alojamiento habíamos tomado un desayuno aceptable, una vez más sin fruta. 

Preparados para empezar a caminar delante del Hotel des Voyageurs

No hace falta aludir al tiempo, en la imagen se aprecia que la temperatura era de lo más suave y agradable. Y eso que se tomó a las 9:30.

La impresión que nos dejó la jornada fue la de haber recorrido unos paisajes muy atractivos. Aunque primero caminamos sobre asfalto, pronto desembocamos en un camino de tierra.

Haciendo una primera paradita para recuperar fuerzas

Discurrir entre montes arbolados caminando en medio de praderas inmensas, resulta una manera especial de pasar el día.



Y este en concreto valoramos mucho los paisajes abiertos de horizontes infinitos. 

Y con frecuencia encontrábamos grandes campos plantados de colza. Su intenso color amarillo la delata desde la distancia y da una nota de color al conjunto,


Fue una jornada tranquila en la que no pasó nada salvo el disfrute de los sentidos con el caminar por semejantes paisajes. Y, casi sin enterarnos, sobre el mediodía entrábamos en Saint Paulien. Era el punto final inicialmente previsto si hubiéramos salido de Chomelix. Como ahorramos cinco kilómetros, decidimos seguir otros tantos y acortar así la etapa final.

Saint Paulien es un pueblo histórico con casi 2.000 años de existencia

Fundada en el siglo I en tiempos del emperador Augusto, su nombre entonces era Ruessio y tendría otras denominaciones. Hay testimonios de que había pobladores al menos desde la Edad del Hierro. Por todo ello está considerado un pueblo con carácter, como llaman en Francia a las poblaciones con historia y bien conservadas. 


En la muralla que conservan han colocado fotos de principios del siglo XX muy interesantes, que permiten al viajero hacerse idea de como era entonces Saint Paulien.

Iglesia románica de Saint George

Pero la joyita de esta población, de unos 2.500 habitantes en la actualidad, es la iglesia románica de Saint George, de los siglos XI y XII. Anteriormente estuvo fortificada y conserva elementos defensivos como almenas y un camino de ronda. Llama la atención el uso de piedras de distintos colores en su construcción, blancas, grises, negras, beige, marrón, rosa y púrpura, formando combinaciones geométricas.

Interior de la nave única y ábside de Saint George

Si su exterior llama la atención, dentro la sorpresa es todavía mayor cuando se contempla una amplia nave única con una bóveda de cañón apuntada. Es realmente espectacular, diferente, debido a la ausencia de columnas y naves laterales. Da que pensar como pudieron sujetar la techumbre. El ábside, de nueve lados, tiene capiteles esculpidos y ofrece una magnífica sonoridad. Por ello es sede ocasional de actos musicales en el festival de La Chaise Dieu. Existe en Saint Paulien un interesante museo sobre su historia y, como en algún otro sitio, nos fuimos con la idea de que el pueblo hubiera merecido parar un día al menos.


Pero como suele decirse, el Camino nos llama, y tras un descanso para tomar una cervecita o similar (y la diaria partida de chinchimonis), los que andábamos con más ganas seguimos ruta. Fueron cinco kilómetros hasta Nolhac. Sin embargo, una vez abandonado Saint Paulien el panorama fue muy diferente al de la mañana: recorrido por carretera sorteando urbanizaciones y campos sin el menor interés visual.

Menhir megalítico de Nolhac

Quizás lo mejor de esta segunda parte de la caminata fue el punto donde terminamos, el monumento megalítico prehistórico de Nolhac, un lugar que pertenece todavía al municipio de Saint Paulien.

El menhir mide algo más de dos metros de altura

Es también conocido como Menhir de la Peyrebiaire o Piedra de Gargantua, y pese a la estrechez de su base parece perfectamente anclado y seguro.  Lo estuvimos observando hasta que la conductora pasó un poco después a recogernos. Realmente tiene un punto de misterio, como ocurre con los monumentos prehistóricos.

Restaurante en Saint Geneys

Terminada la ruta, decidimos acercarnos en coche al vecino pueblo de Saint Geneys para comer, por lo que anulamos la cena en el hotel. Elegimos el restaurante La Table de Lea, pero tuvimos que instalarnos en la terraza exterior ya que dentro estaba lleno.

Surtido de quesos en La Table de Lea

Tomamos el menú que ofrecían a 25€ sin bebida, que no estuvo mal y desde luego fue abundante: empanada de hojaldre de jamón y queso, carne en salsa con champiñones, coliflor y patatas fritas, surtido de quesos de prepostre y postre dulce de cierre, un banquete.

Sorpresa decorativa en Saint Geneys

Pero quizás lo mejor de la excursión fue el paseo por esta pequeña población de unos pocos cientos de vecinos. Sus calles principales ofrecían infinidad de muñecos, en gran medida, conejitos de peluche, colgados de ventanas y balcones,

Parecía una competición a ver quien colocaba más muñecos en el exterior

Resultó sorprendente, nunca habíamos visto algo así. Docenas de figuras decorando las fachadas.

Una de las fachadas más espectaculares

No sabíamos a qué se debía esta costumbre, pero lo cierto es que había gente paseando sorprendida como nosotros. Finalmente, encontramos un cartel que explicaba que se hacía todos los años durante un mes después de semana santa.


En el paseo descubrimos que había tiendas interesantes en Saint Geneys. Visitamos algunas de ellas e incluso hubo quien realizó compras.


Los comercios realmente eran atractivos, en inmuebles cuidados y bien bien decorados.

Muñecos amontonados y muchos colgando boca abajo

Desde luego, el chollo de preparar esta muñecada debe ser complejo de realizar y sin duda provocará emociones en los niños que visiten esta población.

Espectacular torre medieval de Bellevue 

Acabada la visita a Saint Geneys regresamos a Bellevue le Montagne, donde nos limitamos a pasear un rato y tomar una caña nocturna. De  nuevo nos acercamos por la zona de su torre.

26 DE ABRIL: DE NOLHAC A LE PUY EN VELAIS (undécima etapa, 13 km)


Somos veteranos caminantes y por ello hacer una última etapa no es algo novedoso. Pese a ello, llegar a Le Puy cuatro años después de iniciada la ruta nos provocó cierta emoción. Y allí estábamos a las 9:40 los siete (seis en la imagen y la fotógrafa inmortalizando el momento) listos para empezar a caminar. Y en un lugar de cierto simbolismo y con una paisaje maravilloso a nuestras espaldas. 

Inicio de la última etapa en el menhir de Nolhac

La ruta tuvo un poco de todo, pueblos, castillos, paisajes, bosques, ríos, campos, muchas subidas y bastantes más tramos en descenso, variada por tanto y un poco cansada. Por ello a los cinco kilómetros ya hicimos una paradita.


Pasamos por algún pueblecito minúsculo como Bilhac en una jornada de nuevo soleada y agradable. Este año coincidió un abril primaveral suave y sin lluvia en el Forez y el Velay.


Acto seguido, campos abiertos, praderas, horizontes lejanos y senda de tierra, la lujuria del caminante.

Fortaleza de Polignac, en un emplazamiento defensivo muy estudiado

Poco más se puede decir del trazado de esta etapa ya que a las dos horas de andaina avistamos a lo lejos el castillo medieval de Polignac. Se trata de una formidable fortaleza erigida en un elevado peñasco sobre la población del mismo nombre.


Pero para llegar al pueblo hubo que subir una cuestas muy empinadas. Una vez arriba, en la plaza, nos aposentamos a la vera de la iglesia y debajo del castillo. Apoyados en la fuente, observamos como el sacerdote, en la puerta del templo, despedía a los feligreses tras la misa. Era domingo.

Torreón y muralla de Polignac

Justo en ese momento arriba se encontraba nuestra conductora, que se había aventurado hasta el castillo. Estuvimos debatiendo si subir nosotros, pero era un poco complicado y decidimos proseguir caminando a Le Puy.


Así que descendimos de Polignac hacia la llanura que se extiende a sus pies y enfilamos los últimos kilómetros.

El peñasco en el que se asienta la fortaleza es casi más imponente aún que la propia muralla

Seguimos andando por un paisaje similar, tranquilos, era pronto e íbamos a llegar a muy buena hora a Le Puy. De vez en cuando girábamos la cabeza para no olvidar la imagen de este torreón de 32 metros de altura asentado sobre una colina volcánica de basalto, al que rodean 800 metros de murallas. Durante un milenio perteneció a la familia Polignac, el mismo nombre del pueblo, y fue considerado inexpugnable en la Edad Media.


Curiosamente, fue un día en el que no divisamos peregrino alguno pese a estar ya a los pies de una destacada ciudad jacobea. Y para no malacostumbrarnos, el tramo hasta Le Puy fue también una constante subida y bajada. Otra vez sufrimos un momento de duda en un sitio donde no había ni señales del Camino ni respondía Wikiloc. Y no era un lugar cualquier, había una subida imponente en la que ya estábamos embarcados. Por suerte, una pareja de senderistas nos orientó en el momento en que habíamos decidido seguir la ruta.... ¡equivocada!

Entrando por fin en Le Puy

Y sin más novedades llegamos a Le Puy por la parte alta de la ciudad. A la entrada el camino te dirige por una puerta en un muro de piedra, detras de la cual hay un bosque público con una senda en descenso


Es un tramo que se hace largo y tras el cual desembocas en un barrio en el que tienes a la vista los dos elevados monumentos de la ciudad.

Notre Dame y San Miguel a la vista

Y en este lugar ya nos convencimos de que habíamos terminado. Ante nosotros teníamos en primer lugar la iglesia de San Miguel de Aiguilhe, sin duda la imagen icónica de Le Puy. Y detrás la colosal estatua de Notre Dame de Francia, mucho más reciente pero muy visitada. 

Iglesia de San Miguel, de ascenso obligado

Este templo fue construido en un lugar imposible, sobre una estrecha formación volcánica de 85 metros de altura. Con mucho esfuerzo lograron allá por el año 962 hacer una base para colocar la iglesia, interesante sería conocer como lo consiguieron. Lo cierto es que en la actualidad se llega superando los 268 escalones que la separan del suelo. No nos planteamos subir ya que lo habíamos hecho en el 2012, preferíamos ver la ciudad.

Notre Dame al fondo y en primer lugar San Miguel

Tampoco nos acercamos a visitar la imagen de Notre Dame, y en este caso no tenemos excusa ya que hace catorce años tampoco lo hicimos. Se trata de una escultura gigante colocada allí en el mucho más reciente año de 1860. Se construyó con el metal de 213 cañones arrebatados a los rusos en la guerra de Crimea. Y al parecer goza de fervor popular pues es el monumento más visitado del Haute Loire.

Buscando la catedral por callejuelas de Le Puy

Seguimos por Le Puy, ahora sí subida tras subida para dirigirnos a la catedral, que como no podía ser menos se llama también Notre Dame. Atravesamos viejas calles medievales de una población que fue celta y luego romana, por tanto con historia a raudales.

Catedral de Notre Dame de Puy

Y por fin aparece la catedral, imponente en los alto de una larga escalinata, un templo románico del siglo XII que se considera inusual por la diverdad de estilos que muestra. En su fachada, como es visible, utilizó piedras de diversos colores y tonalidades, como la de Saint Paulien.


Si parecíamos algo cansados, motivos había. Al margen de lo que diga la ruta, lo cierto es que al final del día contabilizamos 800 metros de subida y 600 de bajada, cifras importantes.


Superando los escalones, poco a poco los miembros del grupo fuimos llegando a la puerta de la catedral. Allí nos reunimos, respiramos hondo contemplando Le Puy y despues pasamos al interior.

La Virgen Negra, como se conoce a Notre Dame de Le Puy


Estuvimos un buen rato recorriéndola, era domingo además y había bastante gente. Es un templo excepcional. Y Patrimonio de la Humanidad desde hace casi tres décadas por ser parte del Camino de Santiago.

Plaza situada delante de nuestro hotel

Tras ello bajamos a la ciudad nueva y localizamos nuestro hotel. Como el coche estaba aparcado con las maletas, preferimos comer antes de instalarnos Nos alojamos solo por esta noche en el Ibis Styles (107€) que estaba realmente bien.

Histórica sede de la fábrica de verbena, un licor tipo aguardiente de Le Puy

Siendo domingo y un poco tarde, no fue fácil encontrar sitio para la comida. Al final recalamos en La Taverne, en los bajos del propio hotel y al parecer del mismo dueño, por lo que nos hicieron un 10% de descuento. La comida tuvo un postre inesperado cuando apareció el jefe de cocina y se enrolló con nosotros un buen rato, pero esto queda para la próxima entrada, que será la última. Solo decir que invitó a unos chupitos de verbena, que no sabíamos lo que era. Resultó una especie de aguardiente de hierbas, que nos gustó y obviamente muy fuerte. Fue la forma de celebrar el final de la ruta. Esa tarde descubrimos que la fábrica estaba a muy pocos metros del hotel.