miércoles, 17 de abril de 2024

3) De Beaune a Buxy (dos etapas): más vid y mucho granizo

Beaune es una ciudad de cierta importancia (25.000 habitantes), histórica y bella, como su nombre parece querer indicar. La paseamos en la medida de lo posible y nos hicimos una idea. Pero ni mucho menos la abarcamos contando solo con un rato por la tarde, el único hueco que tuvimos.

Arco de la Puerta de San Nicolás por el que accedimos a Beaune

Tranquila, quizás un tanto provinciana, y relajada, caminamos hasta el centro al llegar, con algunas calles peatonales, y allí hicimos un descanso para que parte del grupo fuera a buscar el coche retrasado. Una vez con los dos vehículos, en coche al hotel, un establecimiento de la cadena Kyriad, en el extrarradio, y vuelta para cenar y pasear, también en coche. El precio del hotel por las cuatro habitaciones  fue de 406 €, con desayuno. 

La entrada  en Beaune, al final de la etapa, se hizo un poco larga

Su monumento más destacado es el Hôtel-Dieu, un enorme hospicio con mucha historia.

El antiguo hospital Hôtel-Dieu es la joya de la corona de la ciudad

Hicimos intención de visitarlo, pero nos disuadió el precio: 12 euros persona. No disponíamos de mucho tiempo so pena de no pasear por sus calles, y quedó aparcado. Fue construido en una época en que el ducado de Borgoña se extendía hasta Bélgica y los Países Bajos. Se trata de una fundación hospitalaria de mediados del siglo XV, y ha sido reconvertido en museo.

Colegiata de Notre Dame, del siglo XII, la iglesia más destacada de Beaune

No muy lejos se encuentra la colegiata de Notre Dame, denominación que en Francia puede inducir a confusión pues casi que en cada pueblo o ciudad hay una iglesia con este nombre. Es un templo de inspiración clunicense con ajustes góticos, que en lo esencial data del siglo XIII.

Notre Dame tiene ochenta metros de larga y vistosas vidrieras

Soberbia, cuidada, bien mantenida, de 80 metros de larga y con llamativos vitrales y suelo de enormes losas de piedra, paseamos por su interior, vacío a esas horas de la tarde.


Y circunvalándola descubrimos su monumental parte trasera.


De entre sus edificios civiles nos llamó mucho la atención la Maison du Colombier (palomar), un bello edificio del siglo XVI excepcionalmente bien conservado y ahora reconvertido, entre otras cosas, en gastro-bar.


Su torre central y la garita con la que resolvieron la esquina llaman la atención del visitante y no resistimos la tentación de inmortalizarnos ante su fachada.


En nuestro paseo al restaurante que habíamos seleccionado al mediodía para ir a cenar encontramos comercios curiosos, al menos de nombre.


Y esculturas que en apariencia no pertenecen a la época medieval.

Cena en la Brasserie Le Parisien, agradable y buena comida

De nuevo ofrecían menús, que lo hace más sencillo: a 23 euros (entrante y plato o plato y postre) y 26 con los tres platos. Nos gustó.

A destacar su riquísima sopa de cebolla. Con el frío que hacía nos supo a gloria.

A la mañana siguiente iniciamos la marcha en el centro de Beaune, lo que enredó un poco más el baile de coches. Uno había sido ya trasladado a Chagny (donde íbamos a dormir) y con el otro hubo que hacer dos viajes desde el hotel, y se quedó aparcado en un parking que habíamos utilizado ya el día anterior.


Nos pusimos en marcha diciendo adiós a Beaune, una localidad que todavía mantiene parte de su antiguo recinto amurallado.
La etapa hasta Chagny fueron 22,5 kilómetros, que resolvimos en algo menos de cinco horas. Encontramos varios pueblos por el camino. No hubo grandes desniveles, pero ya no fue una planicie generalizada como hasta ahora.


Salimos de Beaune entre gigantescos campos de vid, lo que ya nos parecía de lo más normal. Por la zona encontramos numerosos muros muy cuidados y con un techado que les ha permitido salir indemnes del paso de los siglos. 


A veces rodeaban así amplios campos de vid.


A cuatro kilómetros nos encontramos la población de Pommard. Un poco después atravesamos Volnay, una localidad muy agradable, y más tarde Meursault, donde hicimos una parada.

En el centro de Pommard

Hermoso palacete en Volnay, con techo de mosaicos frecuentes en la zona


En Meursault utilizamos un hotelito, Le Globe, con encanto vacío a esas horas para tomar un café y, lo principal, desarrollar la diaria partidita de chinchimonis. 


Se trataba de un lugar especialmente cómodo donde nos dejaron un acogedor salón para la parada.



En estas localidades perviven comercios llamativos, pero a la hora de nuestro paso lo habitual es que no viéramos a nadie por las calles.


Donde nos apetecía tomábamos un descanso.

Maquinaria de tamaño ajustado para trabajar entre las vides y con ruedas delanteras en oblicuo


Indudablemente, la economía de la zona gira alrededor del cultivo de la vid y de la producción de vino.


Finalmente dejamos las vides y apareció el canal, pero resultó que el puente por el que teníamos que cruzarlo estaba en obras, y no hubo otra opción que dar un rodeo alargando la ruta. Esta vez no fue posible sortearlo, como en la primera etapa...


Por la beira del canal llegamos a Chagny, concluyendo así una etapa que nos encantó. 


Y siguiendo, siguiendo, el canal finalmente llegamos Chagny, donde nos alojamos en el Hotel de la Poste un hotelito acogedor en el que pagamos 407 euros por las cuatro habitaciones con desayuno.


Chagny es también un pueblo con historia, aunque nada que ver con Beaune.


Y también está muy preocupado por la cultura. En más de un lugar nos encontramos con estas pequeñas bibliotecas de acceso libre para tomar libros prestados.


El centro de Chagny, que tiene unos 6.000 habitantes, es agradable. El, día estaba fresco y nublado, por lo que las calles estaban aún más vacías de lo habitual. A media tarde, cuando íbamos a ir a cenar cayó una tromba de agua impresionante.

Calle de Chagny

Sin embargo, hubo una calle en esta localidad que nos resultó de lo más familiar.


Cenamos en Le Granier de Sel, un restaurante situado en una antigua bodega de piedra. Aparecimos a la hora de abrir (siete de la tarde) sin reserva (y empapados) y eso provocó cierta tensión. Estaba casi lleno pero nos habilitaron una mesa para ocho y después sabríamos por qué. Mediada la cena se nos acercó la encargada, natural de ¡Valencia! Llegó de pequeña con sus  padres emigrantes y ahora tiene un novio francés aunque ambos quieren trasladarse a España. Según nos dijo, este restaurante es propiedad del dueño de La Meloise, con tres estrellas Michelín y situado en la plaza del pueblo que, casualmente estaba cerrado. La cena estuvo muy bien y por primera vez en el viaje la carta incluía vino al pichet, en jarra, de la casa, mucho más accesible por su precio.

No fue la única persona que nos atendió en español en Chagny. Por la tarde estuvimos en una cafetería y nos sirvió un amigo de la dueña al oírnos hablar. Nos explicó que trabajó en una compañía aérea y vivió muchos años en España, en Tenerife y otras ciudades. Muy amable con nosotros. 


Al día siguiente nos pusimos en marcha para terminar en Jambles, localidad en la que no íbamos a dormir por aquello de que los hoteles están donde quieren sus propietarios y no en el Camino de Santiago que estamos haciendo. Tras inmortalizarnos una vez más, empezamos la ruta. Ese día perdimos un caminante, que no se encontraba bien y prefirió, con buen criterio, hacer el trayecto en taxi. No sería la única baja a lo largo de las dos semanas.


Iglesia de Saint Laurent, en Rully

Salimos llaneando pero al poco llegó una cuesta empinada que nos hizo añorar las planicies por las que mayoritariamente nos estábamos moviendo. Arriba encontramos Rully, un pueblecito que atravesamos y en el que nos llamó la atención su iglesia, dedicada a Saint Laurent.

Castillo del siglo XII junto al que pasamos un poco después de Rully

Poco después del pueblo  pasamos junto a este imponente castillo y el vetusto  muro que lo rodea. Según hemos sabido después, data del siglo XII y se encuentra en el medio de una finca vitivinícola. Fue construido por lord Hugues, y desde entonces ha sufrido numerosos cambios y modificaciones. Pese a ello, sigue en manos de descendientes de la familia originaria y se utiliza para actos culturales y recepciones, y es visitable con cita previa.


Constatamos que el terreno había cambiado, nada de llanuras, se imponían las ondulaciones. 

El terreno ya es ondulado en esta zona, la planicie de otros días desapareció

Estábamos felices con el paseo, un día despejado y un paisaje precioso, así iba pasando la jornada entre viñedos y algunos bosques.


Durante esta caminata pasamos por varios pueblos. En Mercurey hicimos una paradita en una boulangerie, donde tomamos un café con dulce, cómodos nosotros y rica la comanda. Y un poco agobiado el panadero, que no daba abasto a atendernos, a nosotros y a otros clientes en la barra, tenía pinta de despistado, pero muy amable.

Iglesia de Saint Symphorien, en Touches, del siglo XII

A la salida del pueblo, otra cuesta hermosa que nos llevó a una pequeña población, Touches, que forma parte del municipio de Mercurey. Allí nos encontramos con una iglesia de quitar el  hipo dedicada a Saint Symphorien. Empezó a construirse en la primera mitad del siglo XIII, y fue ampliada dos siglos después. Ofrece un aspecto macizo con sus contrafuertes frontales y su campanario.

Paraguas y chubasqueros para protegernos del granizo

La mañana comenzó a oscurecerse y la temperatura descendió. Temimos que empezará a llover pero no se concretó, aunque nos incordiaron varias granizadas con intervalos despejados.

A cubierto bajo una granizada potente que nos obligó a parar

Finalmente, en Charneilly, a un kilómetro del final, descargó una buena granizada de la que nos protegimos como pudimos debajo del arco de un portón, ya era la cuarta de la mañana y la más intensa. Esto nos forzaba cada poco a colocarnos los chubasqueros y sacar los paraguas, amén de proteger las mochilas. Una lata, y cuando parecía que el peligro había desaparecido, a quitarlo todo. 


La bajada a Jambles, toda en cuesta, muy pendiente, y algunos tramos llenos de guijarros bastante problemáticos y provocaron algún resbalón, sin consecuencias. Una vez en Jambles, hubo que esperar a que los conductores recogieran el coche en Chagny, con la mala suerte de que en el pueblo no había ni boulangerie, ni bar, ni nada parecido. Utilizamos una amplia marquesina para protegernos de la lluvia ocasional y de un viento helador que sorprendía mediado el mes de abril.


Con los dos coches recorrimos todos juntos los diez kilómetros que nos separaban de Buxy. Ese día habíamos cubierto 21 kilómetros, en cinco horas y veinte minutos, con lo que alcanzamos una media de cuatro por hora. No estuvo mal, pues tuvimos casi 500 metros de desnivel positivo y 400 negativo. Y granizadas.

Carne de cerdo con patatas asadas en Les Songes

Un rato después llegábamos al hotel, Les Songes de Buxy, un edificio enorme en el que no parecía haber muchos huéspedes y donde pernoctamos dos noches. Teníamos contratada media pensión, y nos dieron de cenar pastel de vieiras y después carne de cerdo con salsa y patatas asadas, más natillas de postre. Rico. 


Buxy es una población pequeña, de poco más de 2.000 habitantes. Esa tarde la recorrimos, es agradable y con edificios interesantes. Sin embargo, el viento frío no invitaba a permanecer en la calle. Por ello regresamos al hotel y en una pizzería cercana nos tomamos un vino, en un pueblo vinícola y que también explota canteras.

La foto inferior corresponde a un curioso lavadero rectangular con los bordes redondeados que han conservado en Buxy. Realmente, rara era la localidad por la que pasábamos que no conservara un lavadero interesante, aunque al más espectacular de todos todavía no habíamos llegado.



lunes, 15 de abril de 2024

2) De Saint Jean de Losne a Beaune, tres etapas entre viñedos

En la tarde del segundo día llegamos finalmente a Saint Jean de Losne, la pequeña población de algo más de un millar de vecinos donde habíamos finalizado la caminata en 2023. Nos produjo una cierta emoción volver doce meses después certificando que seguíamos en la ruta.

Río Saona al anochecer a su paso por Saint Jean de Losne

Recordábamos perfectamente el lugar y el río Saona que la atraviesa, muy ancho en este lugar. 


Habíamos reservado cuatro habitaciones en una pequeña casa rural, Les Charmilles (Los Encantos, en español), que nos gustó. Incluido su patio, aunque lo disfrutamos poco. Las cuatro habitaciones de las que disponía nos costaron 396 € con un desayuno normal.

Una de las habitaciones de Les Charmilles

Después de instalarnos salimos a dar una vuelta y a buscar donde cenar. Puestos a rememorar, y dado que tampoco había mucho donde elegir, recalamos justo en el mismo restaurante del año anterior y de nuevo cenamos en su terraza junto al río. Todo un deja vu

Abril de 2024: cenando en Le Cotinier antes de iniciar las caminatas al día siguiente

Se trata de Le Cotinier, donde pasamos un buen rato recordando la cena del año anterior y disfrutando de un entrante de mejillones cocidos y luego cada uno el plato que eligió. Aparte, una botellita de vino (del más barato, 27 euros).

Mayo de 2023: cenando en el mismo lugar tras finalizar las etapas del Franco Condado

Dada la coincidencia, hemos rescatado una foto del año anterior que salvo algún ligero cambio en los figurantes y en el encuadre, es casi un calco. Y con estas cábalas nos fuimos a dormir.

El grupo al completo a punto de iniciar la marcha en Saint Jean de Losne
 
Sobre las nueve de la mañana del día siguiente estábamos en el punto del camino exacto donde habíamos acabado en 2023. De Saint Jean de Losne no habíamos visto nada; nos llamó la atención su iglesia, pero estaba cerrada. Con posterioridad hemos sabido que el templo está dedicado a San Juan Bautista y que cuenta con un órgano magnífico del siglo XVIII y una vidriera que relata el asedio de 1636, un hecho histórico relevante de la villa cuando las tropas imperiales quisieron tomar la villa pero no lo lograron.


Ajenos a todo ello, seguimos un rato el curso del Saona, y poco después nos pegamos al canal. Ambos, canal de Borgoña y Saona, hacen que  Losne sea un importante puerto de recreo.

Canal de Borgoña al poco de salir de Saint Jean de Losne 

El paseo, en un día despejado, junto a un curso de agua y temperatura agradable, fue  muy gratificante y sencillo sobre un camino completamente plano.


La senda era común para paseantes y ciclistas, lo que nos obligaba a ir vigilantes para dejarlos pasar. En un momento determinado, dos del grupo tardaron en percibir a un ciclista por su espalda, quien al pasar los insultó a gritos de manera grosera y virulenta. El detalle nos dejó mal cuerpo, pero sin más. Una incidencia totalmente aislada.


En la senda menudeaban los puentes y también relucientes campos de colza que llenaban de color el horizonte.

Inmensos campos de colza no muy lejos de Saint Jean de Losne

Seguíamos la ruta que alguien había grabado en Wikiloc y esta senda nos imponía cruzar el canal en Brazey en Plaine, pero el puente allí estaba en obras y rodeado de altas vallas. Dudamos. Seguir nos obligaba a buscar otro paso que no sabíamos donde estaría, y desviarnos de la ruta. 

Cruzando un puente cerrado al tráfico, rodado y peatonal, para no desviarnos de la ruta

Así que nos apañamos para mover una valla y atravesarlo, lo que no ofrecía riesgo. Al otro lado movimos otra valla y después lo dejamos todo como estaba. Problema resuelto.


Cruzamos el pueblo  y seguimos entre campos de cultivo, por un camino llano, agradable y muy tranquilo, pero sin la menor espectacularidad.


Teníamos dudas de como sería la señalización del Camino de Santiago en Borgoña, y pronto comprobamos que salvo excepciones no íbamos a tener problemas. La señales eran pegatinas de pequeño tamaño, colocadas en señales, troncos, farolas o muros, y normalmente permitían caminar sin agobios. Así fue a lo largo de las dos semanas, aunque a veces llegaba un cruce en el que no había forma de orientarse para seguir la ruta. En esos casos Wikiloc nos sacaba de dudas. Cierto es que sin Wikiloc habría sido complicado y a veces irresoluble, pero combinando ambos sistemas, sin problemas. Y al (minúsculo) tamaño de las pegatinas pronto nos acostumbramos.

A lo largo de la mañana hicimos un par de paradas para descansar

Un rato después cambió el camino, aparecieron los árboles y  algunos bosques, lo que fue de agradecer pues el sol en lo alto empezaba a ser un poco inclemente. Campos de cultivo y algunas zonas bajo árboles, embarradas por lluvias recientes, fueron nuestra compañía.


A la una y media apareció ante nosotros la abadía Citeaux, el punto final de esta caminata de 19 kilómetros. Habíamos hecho una buena media.


Como por arte de magia, allí se encontraba uno de nuestros coches... que habíamos tenido la precaución de traer la tarde anterior y estacionar en el aparcamiento de la abadía. Mientras unos descansaban, otros fueron a Saint Jean de Losne a recoger el otro vehículo. De vuelta a la abadía, todos juntos nos acercamos a la vecina Nuits Saint Georges, donde íbamos a pernoctar dos noches en el hotel Kyriad por 370 € cada noche con desayuno. Nuits es la cabecera de una importante comarca vinícola, aunque hasta ahora no habíamos visto viñedos; a partir de aquí serían omnipresentes. 


Tanto, que unos barriles son el elemento decorativo principal delante del Ayuntamiento, en una localidad agradable y llena de bodegas. Nuits en coche se encuentra a mitad de camino entre Dijon, donde habíamos estado, y Beaune, una ciudad importante e histórica a la que llegaríamos andando dos días después.


Con poco más de cinco mil habitantes, tiene un centro agradable y algunas calles peatonales, con abundancia de cafés y terrazas. Y en apariencia es un lugar con aspecto pujante, sin duda debido a sus importantes viñedos, que al día siguiente nos hartaríamos de contemplar.
Atractiva escultura/fuente en el centro de Nuits


Esa primera tarde cenamos pronto (o comimos tarde, pues nos acostumbramos a hacer solo dos comidas principales, al margen de una fruta o tentempié entre medias) en el Café du Centre, escogido a ojo y que resultó un hallazgo. Ofrecía un menú de dos platos y postre por 18,9 euros, posiblemente el más económico del viaje, bebida aparte. Tomamos espárragos con salsa, el guiso de la zona, Boeuf Bourguignon de carne, y tartaleta de frambuesas de postre, a 23 euros por cabeza con bebidas, baratito para estos lares. Al acabar reservamos en otro café brasserie para cenar al día siguiente en la terraza. El tiempo todavía era caluroso, al día siguiente rozaríamos los 30 grados. Al tratarse de un domingo preferimos dejar contratada la cena con antelación.

Grupo que empezó a caminar en la abadía de Citeaux para llegar andando a Nuit

El día siguiente fue un tanto raro en  lo relativo a la caminata. Se trataba de hacer la etapa desde la abadía donde habíamos acabado el día anterior hasta Nuits, donde pernoctamos. No teníamos un sitio adecuado entre medias y elegimos Nuits, pero ahora tocaba recuperar esa caminata. Ante esta situación nos dividimos en dos grupos: uno salió de Nuits y otro fue en coche a la abadía para continuar la ruta del día anterior tal cual. De esta forma evitábamos trasladar los coches por adelantado. Eso sí, los conductores tenían que repartirse y era preciso coincidir en medio de la ruta .

El segundo grupo salió andando de Nuit para llegar hasta la abadía

La clave estaba en ese encuentro para intercambiar las llaves de los coches... y ahí hubo, digamos, una pequeña disfunción que ahora relataremos.


El grupo que siguió la ruta digamos ordinaria, continuando la ruta del día anterior, salió de la abadía y en los primeros kilómetros atravesó un frondoso bosque pero a través de un camino de tierra rectilíneo habilitado para el paso de coches, que algo de encanto le restaba. Hacía mucho calor, así que ir a cubierto resultó una suerte.


Acabada la floresta, un enorme campo de cereales se abrió ante ellos y aquí empezaron a ser conscientes de que tenían un problema. No había señales del Camino y Wikiloc no les funcionaba. Íbamos localizados ambos grupos, así que en seguida se descubrió el incidente. Terminaron recalando en un pequeño pueblo llamado Saint Bernard, situado un kilómetro fuera de la ruta.

Bodega imponente con sus viñedos en las inmediaciones de Nuits Saint Georges

El otro grupo salió de Nuits Saint Georges y de inmediato empezaron a atravesar viñedos y bodegas, situado a ambos lados del camino y ocupando en el horizonte todo el espacio. Muy pronto empezó a subir la temperatura (esa tarde se bordearon los 30 grados) y el sol se convirtió en un incordio sin ningún árbol que lo amortiguara. La uva principal en la zona es la pinot noir, que fue el vino que bebimos habitualmente. Algún cartel informaba que Les Climats du vignobles de Borgoña son Patrimonio de la Humanidad desde 2015 en reconocimiento al carácter único de la Côte Vinicole entre Dijon y Beaune, justo la zona que estábamos recorriendo estos primeros días.

Descomunal iglesia fortaleza de Saint Germain en Guilly les Citeaux

A una primera población con llamativas bodegas le siguió Guilly les Citeaux, histórico, con grandes edificios, una enorme iglesia fortaleza con foso y un gran presbiterio y un inmueble en piedra identificado como Le relais de la Poste de 1469. Su origen monacal explica sus dimensiones y todo ello en una localidad con mucha historia, nada menos que desde el siglo VI. Se cree que el nombre de Guilly tiene origen celta, del término Gwilqui, que significaría pasto o tierra fértil. La iglesia tiene igualmente un origen antiguo y en 1393 sufrió un incendio que la destruyó parcialmente, empezando la reconstrucción sesenta años después.

Salir de Guilly en dirección al otro grupo fue un tanto complicado ya que el camino llevaba a una pradera encharcada y embarrada, pero a lo lejos apareció un bosque y renacieron los ánimos para conseguir sombra. Eran en su mayoría carpinos y robles. El grupo llamémosle inverso puso rumbo a Saint Bernard al saber que el otro equipo estaba fuera de la ruta. Tras atravesar un denso y fresco bosque, con el suelo igualmente lleno de agua y barro, ambos equipos se encontraron.

El grupo al completo tras reencontrarse en Saint Bernard; después otra vez cada uno por su lado

A partir del encuentro ya no hubo más problemas. Cada equipo cubrió la parte que le correspondía y por supuesto tuvimos muy presente intercambiar las llaves de los coches.


Los que provenían de la abadía recorrieron el bosque junto a Saint Bernard y tras atravesar igualmente Guilly se encontraron con los viñedos que rodean Nuits.


En una de estas parcelas descubrimos un sistema de sujeción de las viñas con tres palos en forma de trípode. Nunca lo habíamos visto y fue la única vez en todo el viaje por la Borgoña.

Novedoso, para nosotros, sistema para proteger y guiar las viñas

Y ya en Nuits, después de una caminata de 21 kilómetros en la que empleamos unas cinco horas, nos fuimos a cenar, relajados, a la terraza donde habíamos reservado el día anterior. 


Fue una cena similar a la del día anterior, bien también, solo que esta vez en el exterior. Hacía buen tiempo, todavía escapábamos del sol, cosa que estaba a punto de terminarse y de manera abrupta.

Inicio de la caminata de Nuits S.G. a Beaune 

A la mañana siguiente nos fuimos de Nuits, pero no como el día anterior, pensando en regresar a dormir. Esta vez salimos para Beaune, donde además de caminar íbamos a pernoctar. Previamente, como siempre, habíamos llevado uno de los vehículos a Beaune, para al llegar allí venir a por el otro, el consabido baile de los coches. Además, en Beaune el hotel estaba lejos del centro y fue preciso coordinar también los viajes al alojamiento. Indudablemente, un viaje como este precisa un elevado grado de coordinación.

Salida de Nuits por segundo día y de nuevo entre viñedos


Al día siguiente, jueves 15 de abril, de mañana salíamos de Nuits para alcanzar Beaune, fueron unos 19 kilómetros. Salimos por otra parte del pueblo pero igualmente entre campos de vid. La orografía cambió un poco: en vez de atravesar una planicie enseguida nos colocamos en la ladera de una pequeña inclinación y así seguimos unos kilómetros. En la parte más empinada habían preparado la tierra para cultivar vid.


Aunque el cultivo era el mismo, había mucha diferencia entre unas parcelas y otras: unas aradas, limpias de hierbas, y otras al contrario e incluso llenas de flores silvestres.


Y empezábamos a acostumbrarnos a la maquinaria que habían adaptado para trabajar en los viñedos. Tractores más estrechos y altos, para pasar entre las viñas y con los que aran la tierra. Una hora después estábamos en Comblanchien, un pueblo de cierta importancia y totalmente achorizado, con viñas a ambos márgenes. Una de sus bodegas, Dominio Guille, exhibía la fecha de su creación: 1570. Increíble!


Antes de terminar esta alargada población nos salimos de la carretera por el margen derecho y volvimos a los campos, siempre más agradable. Poco después nos encontramos con un cementerio.


Que concitó atención generalizada en el grupo.


A continuación entramos en un bosque denso, muy tupido, con los troncos de los árboles llenos de líquenes.


La mañana discurrió así, alternándose los campos de vid con pequeñas poblaciones: Buisson, donde nos tomamos un plátano para mantener el nivel, y Aloxe Corton.

Casa señorial con este cuidado y colorista tejado creando figuras geométricas 


También descubríamos bodegas, edificios señoriales y con el terreno ya totalmente plano. Y desde luego, sin paseantes que nos hicieran competencia ni compañía. Fue así las dos semanas.


El peor tramo fue el kilómetro final, obligados a circular por el arcén de una carretera llena de vehículos. Incómodos y prestando atención. A veces ni siquiera había arcén. Por este motivo recibimos con alegría la entrada en Beaune, que resultó una población de lo más interesante.